A consecuencia del terremoto del 16 de abril con una magnitud de 7,8 escala de Richter en la costa ecuatoriana, con un nº 700 víctimas, unas 20.000 personas heridas y más de 30.000 alejadas en albergues, la Conferencia Ecuatoriana de religiosos y religiosas, convocó una reunión urgente a todos los provinciales para responder a esta tragedia. Se aprobaron varios proyectos, uno de los cuales fue el de formar equipos intercongregacionales para acompañar física, emocional y espiritualmente a los afectados.
Yo me puse en contacto con Cecilia para apuntarme en la Conferencia de Religiosos para el mes de julio, y animé a mi hermana Asun a que viajara para colaborar. Hicimos la ficha de inscripción y se nos destinó del 3 al 11 de julio a Muisne.
La noche del 16 de abril se desalojó la isla sin víctimas al continente, en una oscuridad total y sin lugares donde ubicar a tantas personas. Hasta el miércoles 20 no empezaron a llegar carpas y víveres, la desolación y pánico era general.
Poco a poco los muisneños regresaron a la isla para comprobar el estado de sus viviendas : unas 200 casas literalmente bajo el agua y alrededor de 800 destruidas. La Parroquia de San Luis Gonzaga fue la primera en acoger a cientos de personas en el mismo templo y salones que no habían sido afectados.
El gobierno pretende desalojar a más de 1.00 familias al igual que ya ha hecho con los servicios públicos : centros de salud y escuelas, para fomentar el turismo.
Los habitantes no están de acuerdo de abandonar la isla que forma parte de ellos y fuera de ella se encuentran sin raíces. La Iglesia, con la presencia y palabras del obispo de Esmeraldas, Eugenio Arellano, se queda en la isla y respalda a sus habitantes que no quieren salir de ella. Nos unimos al grupo formado por Sonia, comboniana mexicana ; Elena, salesiana ; Silvie, hija de la Sabiduría ; Isabel, carmelita del Sagrado Corazón, en la casa que las combonianas había vivido muchos años y ahora es donde acoge a los equipos de la Conferencia de Religiosos. Junto a los padres Julio y José del Verbo Divino y de origen indonesios. Desde el principio nos sentimos muy bien acogidas y pronto formamos parte de una comunidad en misión, bien organizada para servir lo mejor posible.
A las 7 hrs. de la mañana nos encontrábamos en el oratorio para la oración, seguida del desayuno, todo por turnos. (no faltó la tortilla de patatas el día que nos tocó).
Hacia las 8 hrs. nos encontrábamos en la bodega, un amplio local parroquial donde estaban almacenados los alimentos y útiles de aseo y limpieza, para sacarlos de sus cajas, clasificarlo y en cadena ir llenando las bolsas que por la tarde se repartían a las familias según los barrios. La comida a las 12:30 hs.
Y después de un descanso, para lavar la ropa, a las 14:30 hrs. nos distribuíamos de dos en dos : unas para ir a visitar a las familias de los albergues o en sus propias casas y otras a una capilla que hacía de escuelita para apoyo escolar y juegos con los niños que no salían de la isla por no poder pagar 1,5 $/día para la barca y Bus hasta las escuelas del continente. Nos encontrábamos de nuevo a las 18 hs. en el oratorio para vísperas, seguido de la cena.
De las 20 a las 21 hs. salíamos a tener una celebración, junto a los catequistas, en los diferentes albergues, donde las personas compartían sus pesares y esperanzas, confiando en que Dios y la Virgen los protegen y animan a seguir adelante.
Para mi ha sido un regalo conocer y compartir la vida, tanto en la Comunidad. Intercongregacional, como con las personas afectadas que, en medio de sus pérdidas materiales, dan gracias a Dios por la vida de cada día y se esfuerzan en luchar unidas para poder salir de la dependencia y lograr recuperar sus medios de vida : la pesca, agricultura y pequeños comercios.
