Queridas hermanas :
Nuevamente nos ponemos en contacto con cada comunidad, con cada una de vosotras, en un sano intento de despertar interés y caer en la cuenta de la importancia de los cambios, a gran escala y a largo plazo, en el sistema climático del planeta y de sus graves consecuencias ecológicas que provocan desplazamientos masivos de población.
Queremos compartir una reflexión y un sentir profundo sobre el inmenso y complejo mundo de las migraciones, un fenómeno que en su totalidad nos desborda, y por eso hemos elegido situarlo en un espacio más reducido, más comprensible y, sobre todo, más vital : el de la experiencia en España. Y lo hacemos desde la realidad palpitante de nuestras comunidades.
España es, por su geografía, un punto estratégico en el mapa de las migraciones, un nudo de caminos. Su situación como frontera sur de la Unión Europea, puerta de conexión con África a través del Mediterráneo y rutas terrestres, la convierte en un paso clave. A esto se suman las rutas históricas de Asia y el flujo que, desde la apertura de las vías marítimas del Atlántico, conecta con el continente americano. Hoy, este flujo se mantiene, aunque con predominio de la vía aérea desde América. Esta realidad de tránsito y acogida constante nos recuerda que la movilidad humana es inseparable de la historia de nuestra tierra.
Cuando sentimos el mundo como un sistema interconectado, donde las relaciones entre los seres vivos y su entorno físico son fundamentales para la supervivencia, se hace urgente reflexionar sobre nuestra mirada a las migraciones humanas que esto provoca.
El cambio climático intensifica sequías, inundaciones y la degradación del suelo, especialmente en el Norte de África y el Sahel, obligando a muchas personas a abandonar su tierra por la falta de recursos.
La explotación insostenible de recursos y los conflictos socio-ambientales y políticos también actúan como motores de esta migración forzada. Estos « migrantes climáticos » se ven forzados a desplazarse, con España como una de sus principales puertas a Europa.
Reconocemos que el modelo de producción y consumo global es la principal fuente de degradación. Las soluciones pasan por políticas migratorias con objetivos de sostenibilidad, por una planificación urbana y rural que gestione el crecimiento demográfico sin comprometer los ecosistemas locales. La población migrante en España se integra en patrones de consumo y se concentra en sectores clave para el uso del territorio y los recursos (agricultura, construcción, hostelería), vinculándose directamente a la gestión del suelo y el agua.
Esto nos llama a una doble responsabilidad : acoger y, a la vez, promover un modelo de vida sostenible para todos.
Nuestro compromiso : Acompañamiento y denuncia desde la vida. Como congregación y como Realidad de España, no somos ajenas a todo este movimiento migratorio, ya sea por razones ecológicas, económicas, políticas o de seguridad. En muchas de nuestras comunidades, hay hermanas implicadas en el día a día de la acogida : en el aprendizaje del español, apoyo escolar, acompañamiento familiar y gestiones de papeleo, a través de instituciones y asociaciones como CÁRITAS, BERAKA, PUENTE DE ESPERANZA o ACOGE.
Un ejemplo vivo de este compromiso es la comunidad de Roquetas de Mar, fundada para la atención a la población inmigrante y ubicada en una zona de alto flujo migratorio, especialmente de África.
Junto a otra congregación y, a partir de este año, con los jesuitas, su propósito fundamental es el acompañamiento a quienes llegan para trabajar en los invernaderos (« mar de plástico ») : buscando alojamiento, procurando alimentos, ayudando en la regularización y ofreciendo talleres de acompañamiento.
Nuestra tarea es ardua y los recursos siempre insuficientes. Nuestra principal ocupación y preocupación es el acompañamiento y el facilitar la inserción, trabajando tanto con la población que llega como con la población local, para facilitar la acogida y la aceptación de la diversidad. Junto al trabajo directo, mantenemos firmes los espacios de denuncia por la deficiente acogida y las leyes que obstaculizan la entrada, el trabajo y la vivienda digna.
Participamos en espacios de la sociedad civil, como los Círculos de Silencio, levantando nuestra voz por la justicia. Este quehacer aviva nuestra espiritualidad. Más allá de lo práctico, estos espacios son verdaderos ENCUENTROS en la diversidad cultural. Ofrecemos un pequeño granito de arena, pero con inmensa gratitud, reconocemos que lo que recibimos de este intercambio de vivencias es mucho más : nos ayuda a vivir una solidaridad más encarnada y una comunión más real.
Nos sentimos todas llamadas, estemos donde estemos, a seguir orando e implicándonos en este desafío vital que nos rodea por todas partes.
Desde España, país de acogida de migrantes, Comisión internacional de Ecología
