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Testimonios de algunas hermanas que participaron en el encuentro de Galapagar. II

Son varias las hermanas que participaron en esta sesión de Galapagar para hacer una relectura del tiempo pasado en otros lugares. Estaban convocadas hermanas que pasaron más de 10 años en misión y que ahora, algunas de entre ellas, nos dan su testimonio. En todas brota un sentimiento profundo de agradecimiento y un GRACIAS grande a Dios y a las personas que pasaron por sus vidas.

La experiencia vivida en países diferentes, ha supuesto en mí una ampliación de horizontes, en el encuentro de diferentes razas, culturas y lugares, de una gran riqueza a diferentes niveles que me ayudaron a ser más universal, más humana, más fraterna y me han enriquecido con nuevos valores, con una manera de ver más diversa, más cercana, más dispuesta a aprender de todos, a dejarme ayudar de todos y a ayudar igualmente a quien me necesite. “El Corazón, se me ha agrandado y enriquecido, Por ello gracias por donde pasé”.

Rosario URDIAIN

Doy gracias a Dios y a la Congregación por este encuentro de relectura vivido (de hermanas que hemos pasado más de 10 años de misión en otros países).
Nos pidieron hacer un “periódico” con lo vivido y yo me he quedado vitalmente con el título que pusimos en mi grupo: “DESPLEGÁNDONOS DESCALZAS”. Pudimos compartir experiencias hondas, profundas y vitales y guardarlas y recordarlas como un inestimable tesoro que forma parte de nuestro ser.
Siento que el Señor sopló con su Espíritu en la barquita que es mi vida y en la vida de tanta gente sencilla, en las hermanas y comunidades de Camerún por las que pasé, y permitió que desplegásemos junt@s las velas de nuestra vida, intentando caminar descalzas con aquellos a los que hemos sido enviadas, en el compartir la vida, el cariño, la comprensión, el respeto de las diferencias, el cuidado de ayudar a crecer y sacar lo mejor de cada un@...
¡Gracias por tanta vida recibida, regalada, compartida! Gracias también por los problemas y las dificultades, que me han ayudado a conocerme mejor, a aceptar mis límites, mis heridas y fragilidades, a ser tal vez un poco más fuerte, más comprensiva, más humana. ¡GRACIAS!

Isabel ORTEGA

El movimiento migratorio, partiendo de una opción por la misión, ha cambiado mi forma de ver las cosas, la experiencia de haber salido de mi tierra para integrarme a otras costumbres, ritmos de vida y espacios diferentes a los que siempre había vivido, me ha conducido a un constante proceso de adaptación, aceptación, y también de agradecimiento por los valores culturales propios; y es en esta experiencia del encuentro con el otro diferente, que ha producido en mí, un sentimiento de humanización, sentirme no como alguien con una nacionalidad específica, sin dejar de serlo, por supuesto, sino más bien, como ciudadana del mundo, como persona humana, rompiendo las barreras fronterizas en el encuentro, aceptando las diferencias que cada sociedad con su cultura, me presenta.
Por otro lado, la experiencia de este encuentro, me ha hecho estar agradecida y sostenida, porque si bien es cierto, como migrante he pasado por momentos difíciles, los duelos y choques culturales propios de la migración; como consagrada vivo la gracia, que muchos no tienen, y es el respaldo, sustento y seguridad que me brindan las hermanas de mi comunidad y la congregación, es una experiencia misionera acompañada, de decir: “no estoy sola”, pero abriéndome y sintiéndome sensible en la escucha, acompañamiento, y comprensión a otras soledades que muchos migrantes, que caminan entre nosotras, padecen a diario.

Andreina MILAGRO G.D.

Ha supuesto valorar la disponibilidad y entrega con la que he tratado de vivir, dando cariño y recibiéndolo; aprendiendo de la gente humilde y sencilla y dando Gracias a Dios por la vida que me dio para poder vivir tantos años por tierras de Chile, Bolivia y Ecuador. Un abrazo

Teresina GARCÍA MARQUÉS

“Cuando vuelves a tu país después de años en otro continente, donde te entregaste con alma, vida y corazón, que te han dejado una huella muy fuerte las personas con nombre y apellido, el lugar, el ambiente, sus costumbres, su religiosidad…etc. Sientes que te ha marcado muy fuertemente porque lo viviste a tope…vuelves, necesariamente con todo muy dentro de ti; haces el trabajo de readaptación, echas mano del “hoy y aquí”… pero sientes gran alegría cuando te encuentras con otras hermanas que vivieron lo mismo contigo, y lo gozamos juntas…
“El Espíritu de Jesús, está siempre atento y así inspiró al equipo consultivo, tuvo que ser El, a organizar este encuentro que para mí fue como otro “paso de Dios” por mi vida. No fue sólo recordar hechos y anécdotas, fue una verdadera relectura profunda de lo que supuso para mí vivir tantos años en A.L. es como redescubrir toda la riqueza, que aún en momentos duros, supuso para mí. Sientes que te ensancha el corazón para descubrir y acoger otro mundo diferente; otras realidades; te da una grandeza de espíritu y te hace entender lo que significa vivir con y para los pobres; eso marca enormemente.
Al final, como conclusión, y creo fue general, me brotó un MAGNIFICAT pleno por todo lo recibido en esos años vividos en A.L. y un Gracias profundo por este encuentro que nos hace continuar con el gozo de lo vivido, sintiendo también el perdón de lo no menos gozoso, de mis” meteduras de pata” y fragilidades vividas.
Fue muy bueno para mi cerrar, de esta manera una etapa de mi vida que, a la vez me abre más conscientemente y con alegría a vivir el nuevo presente que Dios me marca. Muchas gracias, Miriam y Consultivo, seguir dejándoos guiar por el Espíritu…”

Anuncia GARCÍA DE ACILU

El encuentro vivido con hermanas que hemos pasado bastante tiempo en otra realidad misionera ha sido de mucha alegría y satisfacción.
El hacer la relectura de estos años recordando hechos importantes y significativos, vivencias, ha sido como pasar en una película mi vida. Fue no solamente recordar sino entrar en lo que eso había supuesto en mi vida y hacia parte de ella, qué de todo eso queda, qué ha dejado huella y ahora lo conservo no como recuerdo, sino que es algo de mí, que ha quedado tatuado en mi ser y no lo quiero perder, que más bien me invita a desplegarlo aquí y ahora.
No me queda más, que dar las gracias por el camino recorrido en estos años con tropiezos y caídas, alegrías y oscuridades, aciertos y desaciertos, amores entregados y recibidos, metas alcanzadas y trechos a medias… todo me impulsa a continuar el camino utilizando las herramientas adquiridas, las posibilidades despiertas y los sueños por alcanzar. Gracias

Ana URDÁNIZ