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Los vientos de Taizé soplan en el corazón de Madrid

Desde hace 41 años, la “Peregrinación de confianza” a través de la tierra va haciendo etapas y creando un efecto expansivo. 15 mil jóvenes llegados de todos los países de Europa y de otros lugares del mundo se metieron en el corazón de la ciudad con la sonrisa de quien está seguro de ir al encuentro de la vida, con la capacidad de abrirse a la novedad, a la búsqueda, a los retos de su tiempo.

Ya han pasado algunos días desde que los jóvenes llegados de toda Europa para el encuentro en Madrid volvieron a sus países de origen llevándose, cuando menos, una experiencia nueva de hospitalidad, de compartir y de oración.

Hemos podido apreciar un cambio llamativo en el sonido de los idiomas que se escuchan y que nos hablan de desplazamientos. No muchos años atrás se escuchaban mayoritariamente inglés, francés, italiano, portugués y español, y en minoría, polaco, húngaro, ruso… Esta vez el predominio de las lenguas del este nos han hablado de un gran cambio en la procedencia de los participantes.{{}}

Las comunidades ursulinas de Madrid han acogido a algunos de estos jóvenes, cada una según su posibilidad, húngaros, croatas, polacos, albaneses, franceses… haciendo un enorme esfuerzo por poderse entender y llegar incluso al diálogo…

En esta ocasión el hermano Alois, Prior de Taizé, ha propuesto para los trabajos de grupos el tema “¡ No olvidemos la hospitalidad!” haciendo hincapié en que la experiencia de la hospitalidad es la que deja más huella tanto en los jóvenes participantes como en los que les abren sus puertas en estos encuentros y ha invitado a «descubrir en Dios la fuente de la hospitalidad», «Él nunca excluye sino que acoge a cada persona»,

Y Madrid se dejó impactar por el aire fresco con vocación de huracán de una juventud, que, en este tiempo, no muy fácil, renuncia a un fin de año en familia, hace varias jornadas de viaje, buscando respuestas a sus inquietudes, compartiendo sus experiencias y sus preocupaciones.
En autobuses y metros, en las plazas y calles, escucharon sus risas, y sus cantos en improvisados conciertos. Por el viento templado del compartir su almuerzo sentados en cualquier lugar cerca de la catedral, o de la plaza mayor, ajenos al inmenso gentío que se movía a su alrededor mirándoles con verdadera curiosidad, de las visitas a lugares emblemáticos, de los talleres sobre compromiso social, fe y vida interior, arte… El viento templado del saber vivir la libertad con una sonrisa de armonía. Tal vez no fueron muchos los que pudieron conocer la profundidad de estos días, esa brisa suave de las oraciones comunes en diferentes lugares del centro de Madrid al mediodía o en el pabellón 4 de la feria de Madrid por la tarde.

Oración que penetra calando hasta lo más profundo, que transforma a una juventud ruidosa, bulliciosa, en movimiento continuo , en hombres y mujeres capaces de escuchar sin parpadear, de cerrar los ojos y mirar hacia adentro, de hacer del silencio un lugar de encuentro con El , de evitar movimientos y ruidos con un gran respeto a ese tiempo en el que cada uno se deja tocar y que finalmente estalla en un aleluya gozoso.

Este milagro anual se transforma en un signo fuerte de esperanza en el futuro que un día será su presente. Ojala que muchos se hayan preguntado quienes eran esos jóvenes con su saco blanco, verde o azul.. con el logo del encuentro, al hombro. Ojala que los jóvenes indiferentes de Madrid hayan cruzado su mirada con los ojos que buscaban amistad, diálogo, respuestas y se hayan preguntado por el sentido de sus vidas. Ojala que la Iglesia institución se haya dejado impactar por la fuerza de la sencillez, por los mensajes fácilmente comprensibles, por tantos jóvenes que se mueven buscando sentido y profundidad a su vida.

Tere OZORES
MADRID