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Ecuador: El compromiso que da fe de la resurrección

Celebrando la vida

Sin duda la resurrección de Jesús es el hecho más trascendente de la historia, en el que Dios manifiesta su identidad más propia. El Dios que creó el universo de la nada, hace surgir vida de la muerte y es capaz de sacar sentido del sinsentido

La resurrección despierta nuestra esperanza y nos sitúa en el mundo con alegría, a pesar de estar tocando realidades de crucifixión; nuestra existencia tiene sentido, el horizonte último es la justicia y la vida.

Como afirma Jon Sobrino, la esperanza que brota de la resurrección no admite el sinsentido de la existencia ni la derrota final de la muerte; no admite como inevitable y definitiva la derrota de las víctimas, y se compromete, en consecuencia, a hacer retroceder la injusticia en la historia.

¿Cuál será por tanto la praxis, el compromiso, que corresponde a esa esperanza, a esa fe en la resurrección? Julio Lois afirma que, dado que formalmente la resurrección es una acción de Dios históricamente “imposible”, el compromiso que la hace creíble sería aquel que estuviera implicado en “causas imposibles”, porque permitirían afirmar que lo imposible se hace posible. Y esas causas imposibles son sin duda las que cuestionan los poderes de este mundo, las que se empeñan en bajar de la cruz a los crucificados, lo que implica compromiso social y político (necesidad de transformar las estructuras, de “resucitarlas”) y conflicto asegurado.

Hay “lugares”, formas de pensar y de vivir, desde las cuales no se puede entender nada. Por eso es tan importante el contacto con los crucificados, con las víctimas del sistema, porque desde ellos sí podemos ver. Ellos nos evangelizan, nos salvan. Citando literalmente a Julio Lois , “si Dios estuvo en la cruz de Jesús, si compartió de ese modo los horrores de la historia, es que se ha consumado la cercanía de Dios a los hombres, iniciada en la encarnación, anunciada y hecha presente por Jesús durante su vida terrena”; en ese Dios, los crucificados de hoy pueden reconocerse y confiar; Dios abraza su causa. Solidarizándonos y caminando junto a ellos, podremos experimentar también la resurrección, porque el Resucitado es el Crucificado.

Procesión de ramos en Tundayme, encabezada por monseñor Walter Heras, obispo de Zamora-Chinchipe

Cuando la gente humilde atropellada se organiza, se concientiza y reclama derechos, a pesar de ser difamados y criminalizados, y aún en medio del conflicto sonríen y celebran la vida porque saben bien de su valor, no cabe más que decir: “creo en la resurrección”. Cuando a nivel individual experimentamos el perdón, tenemos encuentros interpersonales auténticos…, no cabe más que decir: “creo en la resurrección”. Cuando ante una política extractivista estatal que favorece a las empresas trasnacionales mineras, que arrasan con la biodiversidad del país, comunidades y grupos se levantan y defienden a la naturaleza, no cabe más que decir: “creo en la resurrección”.

El tiempo compartido con la comunidad CASCOMI de Tundayme (Ecuador), que aglutina a los desalojados por la empresa minera que está implementando una mina a cielo abierto en la localidad (de las actividades más contaminantes que existen), ha profundizado mi fe en este Dios Crucificado-Resucitado, comprometido con la causa de los descartados, que no deja de alentar todo esfuerzo a favor de la vida, y que se manifiesta precisamente en esa gente humilde que hace de la defensa de la naturaleza su causa, sin buscar mayor beneficio que dejar un mundo habitable para sus hijos. A nuestro Dios encarnado lo encontramos en los rostros concretos, a veces desfigurados por el dolor, pero también resucitados en su resistencia y en su compromiso de vida. Ser testigo de ello me hace sentirme privilegiada y bendecida.

Despedida de la comunidad CASCOMI a la hermana Mariángel

El valor que ellos dan a la tierra me ha marcado profundamente. Y es que el compromiso con la naturaleza es hoy lugar privilegiado de esa praxis consecuente con la fe en la resurrección por el maltrato y le indefensión que sufre, “pobre entre los pobres de la tierra”, como dice el Papa Francisco, expuesta a intereses económicos sin escrúpulos. La resurrección de Jesús tiene también una dimensión cosmológica; toda la creación está llamada a la resurrección final junto a Jesús.

Mi paso por Ecuador me ha ayudado a vivir con más esperanza, libertad y gozo, regalos del Resucitado. Ruego a Dios que todo ello me sirva para para afianzarme en el seguimiento de Crucificado viendo ya como Resucitada.

Mariángel con niños saraguros de Zamora-Chinchipe

Mariángel Marco Teja
Ursulina de Jesús
Ecuador, 29 de abril de 2019