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Un grupo de hermanas de España celebra sus bodas de oro

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Saliendo de Lagasca

Con la ilusión y casi frescura candorosa de los peques que cargan sus mochilas, para subir al autobús que les llevará de excursión, así subíamos, después de colocar nuestras maletas de “finde”, a ocupar el asiento que tocara en una cómoda furgoneta de nueve plazas, dispuestas a compartir, celebrar, disfrutar el Itinerario Mariano anteriormente diseñado.
Se trata de las BODAS DE ORO de Eloisa, Emma, Encarnita, Mª Ángeles, Mary Paz, Natalia, Pilar y Rosarito. Otras cuatro del grupo se quedaron en casa por distintos motivos. Las llevamos en el corazón.

Desde Madrid, rumbo a Zaragoza, Pilar, como siempre, hace frente al reto que se le presenta: Conducir la flamante furgoneta Vito Mercedes de 9 plazas con sus compinches a bordo. Una vez al volante, después de verificar las marchas y tomar conciencia del volumen: altura, anchura y largura del carruaje, a correr.
Llegamos a la ciudad, sin novedad, pero con lo que no contábamos, ni nosotras, ni “el TOM TOM” era con las obras del lugar.
El “TOM TOM” empeñado una y otra vez en conducirnos al hotel, sin tener en cuenta que los maños también se empeñaban en colocar el tranvía a lo largo y ancho de la capital, impidiendo el acceso por el momento.
Intentos no faltaron, vueltas en abundancia; al principio nos dejamos guiar por el “TOM TOM”, luego por la intuición, preguntar podría ser otra solución; aquel chaval que nos llevó casi hasta el final, el taxista que nos decía que era difícil entrar y...Ya, ¿Solución? Entrar en el primer parking y al hotel en procesión.
¡Bien por la chofer! Para empezar más que aprobado.
En el hotel se echan las manos a la cabeza y dirigiéndose a Pilar comentan que si entró y aparcó allí ya tiene todo asegurado, así que Sobresaliente.
Ya instaladas, a comer, pasear, visitar, disfrutar.

La Seo del Salvador, como bien apunta la guía, abre sus puertas a todos los que buscan a Dios. El arte, en este caso, se convierte en lenguaje de fe. Su belleza nos afectó. Sentíamos la necesidad de expresarlo. Recorrimos una a una las 18 capillas y, sin reloj, contemplamos y disfrutamos; de forma especial del Retablo Mayor; también pudimos admirar los tapices que nos brinda el museo de la catedral. Nos sentíamos en comunión con esas gentes, nuestros antepasados, que fueron capaces de legarnos tales tesoros artísticos y espirituales.

Delante de la Basílica de EL PILAR

La Pilarica, tan conocida, tan querida nos acogió y nos brindó la primera Eucaristía del recorrido en su altar, el altar mayor.
De lo más espontáneo fue evocar a cuantas “Pilares” conocemos y por extensión a todas las mujeres que llevan el nombre. También a los que constituyen auténticos pilares en las instituciones, grupos o pueblos. Es fácil entrar en comunión en un ambiente, en un lugar que pasa tanta gente con un sentimiento fuerte en el corazón, que cada cual, a su manera, no tiene reparo en expresar.

Al día siguiente nos aguardaba la hazaña de sacar a la “Vito Mercedes” sin rozarla, ni mancharla, de aquel escondrijo que efectivamente fue el peor. ¡Bravo! y a la carretera, a seguir caminando con la seguridad de que la chofer era más que dueña de la situación.

En ruta, nuestra oración: cantos, acción de gracias, sencilla expresión de cada cual, mientras las ruedas rodaban y rodaban, desafiando a la niebla que se hizo presente en toda la zona de Los Monegros. En nuestro interior el deseo de ver el sol, y la esperanza de que se cumpliera la información que nos llegaba. Ciertamente, enseguida pudimos gozar del paisaje hasta llegar a Montserrat. Teníamos prisa por ver la Sagrada Familia en Barcelona.

Basílica de la SAGRADA FAMILIA.


No dábamos abasto a colocarnos en un sitio y en otro, en esta o en aquella esquina, siempre con la mirada hacia arriba, mirando al cielo, para captar las mil y una formas que nos deslumbraban. Merecía la pena quedarse, sin más, saboreando, dejándonos embriagar y también acariciar por las formas, las dimensiones, los motivos, con la fuerza imperiosa de la abundancia, de la vida, que Antonio Gaudí nos transmitió. Llegó la hora de marcharnos: y, con pena tuvimos que dejar de admirar esta obra maestra.

Virgen de Montserrat

En el corto recorrido de Barcelona a Montserrat bailaban y se entrelazaban las sensaciones recientes con el deseo de cantar la Salve juntamente con la comunidad de los benedictinos en la Basílica. No pudo ser. Las puertas estaban cerradas.

Miércoles 30, S. Andrés

Bendita la mañana que nos habla de Ti
A las siete y media, al dirigirnos a la Basílica para participar en la oración de Laudes con los 33 benedictinos que acudieron al coro, lo primero que pudimos contemplar fue un hermoso amanecer como primer regalo del día. Precioso.
En la Basílica después de Laudes, escaleras arriba, nos colocamos de forma espontánea en medialuna delante de la imagen de Nuestra Señora con el gozo de sentirla de cerca, y de forma espontánea, una a una tuvimos a bien expresar ese deseo profundo de ponernos bajo su protección. Bonita oración que nace desde dentro, que se expresa con toda naturalidad y nos hermana y fortalece.

Con las maletas de nuevo en el coche, sintiendo la necesidad de expresar la grandeza del lugar, la fuerza de la naturaleza, con las formas tan típicas de las rocas en la retina, pusimos en marcha el “TOM TOM”, que automáticamente nos preguntó:¿por la autopista? Pues sí y adelante. De pronto, y... ¿la visita a las benedictinas?
¡Lo que nos hubiéramos perdido si no damos marcha atrás!

Monasterio de Monserrat

Enclave especial, éste, de la comunidad de 37 mujeres en medio de las benditas rocas; siempre en pie, siempre erguidas; ancladas, pero apuntando hacia arriba.
Disfrutamos con la cerámica, fruto de sus manos, cariño y constancia; piezas, todas ellas que hablan por sí mismas de belleza y trabajo silencioso a través de los días que se suceden como si cada uno fuera el único.
Pero lo mejor para el grupo, a continuación en la capilla; en la tan armoniosa capilla. ¡Qué fácil fue entonar un himno de alabanza! Sin previa programación, aflora lo que bulle por dentro y, tan contentas, a recorrer más kilómetros, los que hagan falta.

Cuatro del grupo disfrutando de la naturaleza.

No en vano andábamos ya por el “Paso del Ecuador”. Las experiencias se iban sucediendo una tras otra y de forma inesperada nos encontramos en Oliva: feliz encuentro, amistad, buena comida, agradable experiencia de cortar mandarinas y mandarinas “in situ”, llenar las bolsas, disfrutar del campo... y sobre todo de Pepe, Nina y Rosita que nos recibieron con tanto cariño llenándolo todo.
Y a Valencia. Paseo por el casco antiguo, el primer encuentro con la Virgen de Los Desamparados, ojeada a la catedral, para volver al día siguiente.

Jueves 1 Diciembre

Día completo, lleno, viviéndolo a ritmo de contemplación.
Eucaristía con la Virgen de Los Desamparados, Mare de Deu y tan cerquita, la catedral. ¿Cómo no entrar en la capilla del santo cáliz? “El santo Grial”, según ellos, el verdadero; los demás podrán dudar o allá con el sentido que cada cual le quiera dar. Todo lugar puede ser propicio para ir más al fondo, rezar, compartir, disfrutar. Nosotras sin prisa; es tiempo de estar.
Sin mirar al reloj, dejándonos llevar por la intuición o por el plano de la ciudad, vamos disfrutando de cada rincón, edificios, arte a derecha o a izquierda, tranquilamente.
En nuestras andanzas, ya dos veces, nos topamos con que, por nuestra condición de religiosas, pasamos gratis, es decir por gracia y cual es nuestro asombro que sin pedirlo, por aquello que no hay dos sin tres, el tercer momento gratificante en este sentido fue en el museo del Marqués de Dos Aguas. Simpático; verdaderamente lo disfrutamos.
¡Qué sabor a grupo sentarnos las ocho en mesa redonda con un refresco en la mano, pretexto para descansar un rato! Realmente el tiempo nos acompañó
Fácilmente nos poníamos de acuerdo, compaginando deseos, posibilidades o conveniencias y en ambiente cordial, todas optamos por una buena paella, que para eso estábamos en Valencia.
Nuestra chofer que no se le pone nada por delante y con ayuda del “TOM TOM” nos pasea por la Ciudad de la Ciencias y de las Artes antes de salir de nuevo a la carretera que nos conducirá hasta Fuensanta de Albacete.

Pepe, nuestro amigo, nos esperaba y, a su modo y manera, nos desliza de modo sutil y forma ligera, de sorpresa en sorpresa.
Después de cenar le toca el turno al claustro; aquello nada tenía que ver con una visita turística. En silencio, sin palabras, sin pensarlo, cada cual a su modo, caminando lentamente y
favorecidas por el ambiente, música, luces..., nos sorprendimos en la dinámica propia personal de adentrarnos en nuestro interior. Linda experiencia, fuerte.
No, no acababa aquí; sin forzar nada, delante del sagrario, diríamos que bien acomodadas, ofrecíamos al grupo la mejor página de nuestra historia personal, gracias, gracias, gracias.
Se genera una corriente de vida que circula y penetra en cada una con un movimiento de ida y vuelta: doy y recibo, si bien, al final recibo mucho más que lo que doy.

El grupo preparándose para celebrar la Eucaristía.

Gracias Pepe, hoy también contigo se nos hace presente una oportunidad. Al finalizar el día y caer en la cuenta que “el mañana” entraña la vuelta a Madrid, como algo natural, nos brota aquello de “se nos ha pasado en un abrir y cerrar de ojos” Pero ¡Cuántos momentos ricos, significativos, especiales, gozosos...!

Día 2 de Diciembre

Juntas en oración.

Qué bueno sentirnos “en casa”; el olor y calor de hogar se percibe por todos los lados.
Eucaristía, acción de gracias, presencia plena de Jesús Encarnado.
En el Evangelio ocho citas: ni muchas, ni pocas; cada una la que ahora o desde siempre nos habita, empuja, dinamiza, nos da vida.
Tras una comida casera, de puchero, y el cariño de todas, nos acomodamos en la ya familiar furgoneta que nos devolverá a Madrid
Curiosa experiencia. No fue ida y vuelta. Fue un movimiento circular, en espiral, que de forma imperceptible, girando y sin cerrarse eleva a un nivel superior.

Encarnita LANA

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