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Reconocimiento del Pueblo Huilliche a nuestra hermana Luz Divina Fernández Santos.

"Una casa en medio del bosque chilote es refugio de terapeutas huilliches, florales, maestros de reiki y médicos alópatas que construyen un modelo de salud".

Desde el año 2005, Ludy trabaja en el Programa
de Salud Kümen Mogen Rüpü de Chiloé.
Y es por este valioso servicio y cercanía
con el Pueblo Huilliche que el pasado
14 de Septiembre del año en curso,
en la ciudad de Castro,
le otorgaron un Reconocimiento...

Luz Divina Fernández Santos, udj.

Por su fuerte compromiso con este proyecto intercultural, Ludy ha sido reconocida; y es que, nuestra hermana a puesto al servicio de muchos sus dones de terapeuta de reiki y reflexoterapia, al atender a los pacientes que mes a mes asisten al centro de atención en la localidad de Compu (al extremo sur de la Isla de CHiloé), y en capacitar a nuevos terapéutas, en conjunto con un grupo de profesionales de la salud, expertos en medicinas naturales, antropólogos y otros voluntarios que forman esta red de trabajo, buscando mejorar la calidad de vida del pueblo huilliche y de toda persona que busca la sanación de sus enfermedades.

El Programa de Salud Kümen Mogen Rüpü es presentado de la siguiente manera por una periodista de un conocido medio de prensa chileno:

"En la casa Mapu Ñuke -Madre Tierra en huilliche- nadie habla de depresiones, colon irritable o diabetes. Las almas se enferman de susto. Los cuerpos, de enfriamientos. Y el remedio está a la mano, en las hierbas que crecen en la oscuridad del bosque. De San Juan para la depresión. Romae para el colon. Palo santo para la diabetes. Muchos son los hombres, mujeres y niños que caminan tres, cuatro, cinco horas desde distintas partes de la isla de Chiloé para llegar a este lugar, enclavado en el medio del bosque de Natri, comuna de Chonchi. Una construcción rústica, algo desvencijada y amenazada eternamente por los ratones, pero que para cientos de personas significa sólo una palabra: esperanza.

La mayoría de ellos pertenecen o han sido criados en la etnia huilliche -propia de Chiloé y por años invisibilizada por los habitantes de la isla-, que enfrenta la enfermedad de una forma distinta a la tradición occidental. Acostumbrados a curarse con hierbas en sus casas, muchos encuentran en la salud tradicional a un enemigo: el médico que les dice que sus agüitas no sirven para nada. Que si no toman medicamentos nunca podrán mejorarse. Llegar a la Mapu Ñuke significa ser escuchados. Aquí también hay un médico tradicional, pero dispuesto a todo el tiempo que necesite para atender a cada paciente.

Está la lawentuchefe, experta en hierbas medicinales y con una autoridad tan importante como la del doctor. Están la terapeuta floral, la reflexóloga y la maestra de reiki. Todos, juntos, hacen el diagnóstico del consultante -no les gusta usar la palabra "paciente"- y, juntos, lo seguirán evaluando por varias sesiones hasta que muestre sus primeros signos de mejoría.

Tienen importantes desafíos. Hoy los espera Vicente, un niño diagnosticado con déficit atencional. Pero, a sus nueve años, lo que ha desequilibrado su vida no es una enfermedad: es una rabia que no lo deja vivir desde que se separaron sus padres. También está Willy, un huilliche con VIH/sida que toma triterapia y mantiene estable su salud, pero sufre por algo que le duele más que el virus: la discriminación en el hospital donde va a atenderse.

Esta mañana, la Mapu Ñuke ha amanecido impregnada con el olor del bosque húmedo por la lluvia. Una carga de energía para comenzar la jornada, mientras los consultantes esperan su hora de atención en una cocina temperada por una estufa a leña, café de grano con higo y pan amasado. Cada cierto rato, las terapeutas salen de sus habitaciones de trabajo a tomar un descanso. Toman con ellos un café y conversan, como si se conocieran de toda la vida. Será porque terapeuta y consultante hablan de dolores físicos, pero también de problemas familiares y comunitarios.

En una consulta normal nadie va a saber que ese paciente, que tiene la presión alta, también está pasando por un tremendo problema porque le quieren quitar sus tierras -dice la antropóloga Mariana Soto, encargada de llenar la ficha con la que cada consultante ingresa al centro Mapu Ñuke.

Mariana -una mujer delgada, de pocas palabras, descendiente de huilliches- llegó hace un par de años a Mapu Ñuke consumida por una depresión luego de sufrir la muerte de una tía con cáncer que tuvo a su cuidado durante un año. Aquí encontró lo que la salud tradicional no pudo darle: paz a su alma. Y se quedó.

Según la cosmovisión huilliche, cuando un miembro de la familia se enferma, todo el resto lo hace. Cuando la tierra o el mar se contaminan, nosotros también nos resentimos. Los huilliches no somos hijos de la tierra. Somos parte de ella.

El equipo de terapeutas de Mapu Ñuke: De pie: Luz Inés Flores, Gretty Muñoz, Alfonso Quintupurray, Mariana Soto y la hermana Ludy Fernández. Sentados: Rosa Carimoney y Manuel Muñoz Millalonco.

Varios años pasaron los representantes de la cultura huilliche -el Consejo General de Caciques- conversando con el servicio de salud de Chiloé, planteándoles la necesidad de crear un modelo de atención que incluyera tanto la visión tradicional como la indígena. Que mientras los médicos en los consultorios siguieran diciéndoles a sus pacientes que dejaran de tomar agüitas, porque eso nunca los curaría de sus enfermedades, no sólo no se tomarían los remedios, sino que dejarían de ir al doctor. Las conversaciones entre ambos mundos rindieron frutos. En el año 2000, el servicio de salud aceptó comenzar con un sistema intercultural en la isla, que partió tímidamente: los equipos de salud comenzaron a compartir experiencias con un grupo de terapeutas huilliches y complementarios coordinados por el antropólogo Manuel Muñoz Millalonco, experto en medicina huilliche. También, a compartir espacios de atención en las rondas médicas que se hacían en los sectores con mayor población indígena.

Pero la meta de los terapeutas huilliches, cuenta Manuel Muñoz, no era sólo que les cedieran estos espacios. La idea era redefinir el concepto de atención, de salud y enfermedad, y que el trabajo de los equipos se centraran en la persona, y no en la terapia. Tres años después, el Consejo de Caciques decidió formalizar este sistema de salud huilliche. Lo bautizó como Kume Mogen Rüpü -"Un camino al equilibrio" en lengua huilliche- y formó un equipo de voluntarios que empezaron a atender de manera independiente en dos localidades indígenas. En 2006, recibieron del Arzobispado de Ancud la casa Mapu Ñuke, que convirtieron en centro terapéutico y en el que se han establecido hasta hoy. Entrar a Mapu Ñuke se convierte en una experiencia de sanación por sí misma.

De acuerdo con la cosmovisión circular huilliche, donde hombre y naturaleza están interconectados, la estructura de atención también es circular, con boxes comunicados entre sí con puertas. Cada puerta que el consultante atraviesa es un momento acogedor, sanador. Los pacientes deben atravesar todas las puertas. Esa es la idea: que salgan recuperados en sus múltiples dimensiones.

Esta mañana, el médico Enrique Villa, anestesiólogo y acupunturista no está atendiendo. En su lugar, está la antropóloga Mariana Soto, quien llena la ficha. Este paso toma todo lo que sea necesario: quince minutos, media, una hora. No hay apuro ni presión por atender rápido.

La segunda puerta conduce a la reflexoterapia, el reiki y las terapias florales. Una especie de dormitorio iluminado sólo con la luz que entra por la ventana y música de meditación de fondo. Aquí, las terapeutas Gretty Muñoz -educadora diferencial de profesión- y la hermana ursulina española Ludy Fernández -enfermera- realizan a cada consultante una sesión de reiki, para equilibrar las energías, y de reflexología, para calmar los órganos con dolores.

En esa misma habitación, observando el trabajo y tomando apuntes para hacer su diagnóstico, está la terapeuta floral Luz Inés Flores, una de las fundadoras de la terapia con flores de Bach en Chile y que todos los meses viaja diez días desde Santiago a Chiloé para trabajar aquí. Luz Inés no sólo trata personas: también hace investigaciones en el bosque y ha creado un sistema de esencias florales huilliches.

Luego de que las tres terapeutas han terminado, realizan cada una un diagnóstico que van anotando en la hoja de vida del paciente, quien ahora debe cruzar una nueva puerta, la más importante para la tradición huilliche: la lawentuchefe Rosa Carimoney, quien leerá los diagnósticos iniciales, y sobre la base de ellos y su conocimiento recomendará qué tomar: infusiones, tinturas o preparados especiales de hierbas, que ella misma se encarga de preparar, recolectando plantas en el bosque y luego procesándolas en el laboratorio de tinturas de Mapu Ñuke, construido gracias al aporte de una organización indígena canadiense.

La puerta final no conduce a ninguna otra terapia. Lleva a la cocina, dispuesta a ofrecer un plato de comida al consultante que ha terminado su sesión. A la hora de almuerzo, terapeutas y pacientes comen juntos y comparten experiencias. Hoy, el olor de los porotos con salmón preparados ha atraído varios comensales a la mesa. Están las terapeutas, están nuevos consultantes que se atenderán durante la tarde. Están Vicente y su madre, conversando con sus compañeros de almuerzo. Antes de irse, la última parada es la de los extensionistas comuitarios Manuel Rauque y Alfonso Quintupurray: ellos son los administradores de la farmacia huilliche; los que entregan las flores y los preparados de la lawentuchefe y les explican a los consultantes cómo y cuándo tomárselos. Más tarde, las terapeutas comentarán el caso de Vicente y los avances que ha tenido el niño en esta, su tercera vez en Mapu Ñuke. Luz Inés Flores recuerda que cuando llegó, se autoagredía y tenía rencor con su madre, pues no entendía por qué había tomado la decisión de separarse de su padre. Ahora, gracias a la combinación de medicina más terapia floral, reiki y reflexoterapia, sus niveles de rabia han bajado. Es sorprendente ver el cambio. Cuando Vicente llegó, lo primero que me dijo fue que se quería morir. Y es muy fuerte escuchar a un niño decir eso.

Gracias a su trabajo, que combina integración de medicina tradicional y complementaria, pero sobre todo por sus esfuerzos por integrar a la comunidad huilliche e intercambiar conocimientos, el programa Kümen Mogen Rüpü acaba de ser condecorado con el premio Sello Bicentenario 2009, que entrega la Presidenta de la República, y que distingue a aquellas personas o instituciones sin fines de lucro que trabajen por la integración de los distintos grupos sociales.

La experiencia de esta intervención en salud es pionera en Chile. Sin embargo, los recursos aún son esquivos para ellos. Los terapeutas de Kümen Mogen Rüpü trabajan en su mayoría a honorarios y no cobran por las consultas, salvo a aquellos que se atienden de forma particular. Tampoco reciben muchos recursos del Ministerio de Salud, ni en dinero ni en infraestructura -a pesar de que el trabajo realizado en Mapu Ñuke lo replican en varios consultorios de Chiloé- y tienen una falencia que es la que más les duele: sus tinturas y remedios huilliches, a pesar de repartirse incluso en las farmacias de los centros de salud gubernamentales, no cuentan aún con resolución sanitaria porque no hay recursos para pagar el trámite.

En un trabajo paralelo a la atención en la casa Mapu Ñuke, el grupo de terapeutas huilliches y complementarios participa dos veces al mes de experiencias de atención en consultorios de la zona sur de Chiloé. Desde hace un año y medio, cada quince días, el centro de salud familiar Rukalaf de Quellón abre sus listas y da horas para todos quienes quieran atenderse con este sistema complementario. Lo mismo pasa en otro centro, el de Vista Hermosa, el consultorio de Quellón y en el de Puqueldón, en la isla de Lemuy. Todas, experiencias de atención exitosas: las horas se acaban tan rápido que deben dar de alta con rapidez para alcanzar a atender a nuevos pacientes. A su vez, todos estos equipos de salud se han ido a capacitar a la casa Mapu Ñuke, donde han aprendido de hierbas para recomendarlas paralelamente a los medicamentos. En el centro de salud familiar Rukalaf de Quellón es donde esta interacción ha tenido más éxito. Hoy el grupo de Mapu Ñuke ha venido a atender aquí y las horas están copadas.

La enfermera Natalia Castillo, coordinadora de Rukalaf, define la experiencia de intercambio como altamente positiva: en términos empíricos, estudios realizados las fichas de pacientes hipertensos y diabéticos que se atienden en el doble sistema prueban que, con la combinación de hierbas más medicamentos, sus enfermedades se han controlado y han disminuido. Y en las enfermedades emocionales -que generan la mayor cantidad de consultas en este centro- han visto que las personas han mejorado su ánimo y también la relación con sus familias. Han disminuido las atenciones psicológicas. Eso es sorprendente. Ya no faltan a sus controles. Se sienten contentos.

Una de las pacientes que ha llegado a atenderse aquí es Nancy, una joven de 19 años, mamá de un niño, aquejada de una depresión que la afecta desde hace más de cuatro años. Toma antidepresivos, pero su doctor le recomendó asistir al modelo de salud complementario para tratar su insomnio, falta de apetito y decaimiento general. Esta es la tercera vez que Nancy se atiende con las terapeutas de Mapu Ñuke. -¿Cómo te has sentido? -le pregunta Luz Inés, la terapeuta floral, la primera en recibirla en el box.

- Bien, mucho mejor -le contesta Nancy-. No estoy completamente bien, pero estoy menos nerviosa. Ahora tengo más ganas y ánimo para estar con mi hijo.

- ¿Y cómo va la pena?

- Todavía la siento, pero cada vez menos.

Nancy, cuenta Luz Inés, ha estado siempre deprimida porque carga con una historia de desequilibrio en sus emociones. Las flores de Bach le ayudan a recuperar ese equilibrio.

Es el turno de la lawentuchefe.

- ¿Cómo está tu apetito?

- Mejor, ahora ando con mucha hambre. Pero me cuesta dormir -le cuenta Nancy.

- Entonces te voy a quitar el ajenjo, porque ya no lo necesitas. Pero te voy a aumentar la dosis de la Hierba de San Juan y además te vas a tomar 30 gotitas de valeriana antes de dormir -le explica. Ella cree que lo de Nancy es un susto que arrastra desde la niñez, cuando a los cuatro años sus papás se separaron. Sintió que esa separación había sido por su responsabilidad. Y de ahí en adelante ha vivido con culpa, con inseguridad.

Luego viene la reflexoterapia de la hermana Ludy Fernández.

- ¿Te duele aquí? -pregunta, y aprieta uno de sus dedos.

- Sí -dice Nancy.

- Bueno, eso es porque tienes toda la tensión de tu cuerpo acumulada en el cuello. Tranquila, vas a salir de aquí relajadita.

La sesión de masajes dura casi veinte minutos. Nancy se pone sus calcetines, sus botas. Se despide de las terapeutas con un beso y un abrazo, y promete volver a la próxima sesión. Luego va a la farmacia del centro de salud a buscar los remedios que le han recetado la terapeuta floral y la lawentuchefe.