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“No llores porque se terminó; sonríe, porque sucedió”.

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Cecilia Rogel comunica sus experiencias de vida después de los años pasados en España: Comunidad de La Pascana, estudios sobre el Carisma de la Encarnación y su etapa de dos meses en el Sagrado Corazón-Chavagnes-en-Paillers

Cecilia con un grupo de amigos.

He vivido en España (Madrid) casi seis años, en los que he sido muy feliz. Ha sido un tiempo muy fuerte para descubrir, aprender, acoger y entrar de lleno en una nueva realidad.

Debo expresar que pedí venir a España, fundamentalmente para tener la posibilidad de poder acercarme un poco más a las fuentes de nuestra espiritualidad, sobre todo a través de las hermanas, tanto de España como de Francia que la han profundizado. Desde ya agradezco al Consejo General que me dio la oportunidad de hacer realidad este sueño, y a todas las hermanas Ursulinas y hermanos FMI, quienes tuvieron la gentileza de compartir conmigo no sólo su reflexión sino también su experiencia de encarnación.

Fui muy bien acogida por las hermanas de España, de hecho desde el principio, tuve la sensación de haber estado siempre entre ellas. Para mí ha sido muy importante poder conocer de cerca la vida y misión de las hermanas españolas, que constantemente buscan comprometerse y entregar su vida con los más excluidos. Asimismo, una vez más he podido constatar toda la energía y creatividad que siempre las caracteriza; y si hay un rasgo con el que podría definir a las hermanas Ursulinas de España, ese es la solidaridad.

Durante todos estos años he vivido en la comunidad de la Pascana, que se encuentra en un barrio en el norte de Madrid, donde el rostro que se revela es sobre todo latinoamericano. Nuestra misión en todos estos años ha estado centrada en ser presencia amable y sencilla en medio de la parroquia y en la acogida permanente a familias, hermanas, amigos, vecinos, compañeros de estudio, etc., con lo cual ha sido una oportunidad para ir creciendo en actitudes de apertura, cercanía, sencillez para ofrecer al que venía y viene a nuestra casa un espacio donde se sienta acogido como hermano/a, como amigo/a. Desde aquí he aprendido la importancia que tiene para la gente la presencia, el saber estar para quienes encuentras en el barrio, como para quienes llegan a nuestra casa.

Fachada de la Universidad ICADE.

Por otro lado, la universidad también ha sido otro lugar para ejercitarme en acogida y en apertura a lo diferente. Debo reconocer que tuve la gran suerte de estudiar en la Universidad de Comillas (universidad Jesuita), donde la Facultad de Teología se caracteriza no sólo por su nivel de exigencia académica sino también por tener un rostro marcadamente internacional. He podido conocer a compañeras y compañeros de una diversidad de países y de congregaciones, que hacían que la reflexión teológica, la experiencia de Dios, la búsqueda, la fiesta, etc., sean una riqueza para comprender que la diferencia, la diversidad es la vida del Espíritu que se nos regala para abrir nuestras mentes y nuestros corazones; para saber que la verdad no la tiene sólo una persona o un país, o una determinada cultura, sino que la vamos buscando y construyendo entre todos; para constatar que el rostro de Dios, es un rostro encarnado que expresa unidad y diversidad a la vez y al cual todos intentamos seguir y servir cada día en nuestras distintas realidades.

Colegio Ntra. Sra. del Recuerdo.

En el curso de estos años de estudios cada día viernes después de clases me iba al Colegio de los padres Jesuitas, que se llama Nuestra Señora del Recuerdo para la catequesis de confirmación. Es así que teníamos una hora de preparación del tema, entregado con antelación, y luego nos íbamos con los jóvenes durante una hora y media para compartir con ellos el tema previsto. Alcancé a preparar a tres grupos diferentes; los jóvenes tenían entre 16 y 17 años de edad. Durante estos cinco años compartí esta misión con Juancho un padre de familia y médico del hospital Gregorio Marañón de Madrid. Ha sido una experiencia interesante y de mucho desafío a la vez, ya que los jóvenes eran de familias acomodadas, donde a veces el mensaje de Jesús no se comprendía con facilidad. Sin embargo, ha sido también un lugar para descubrir en ellos una búsqueda sincera de Dios y un deseo de poder servir a quienes más lo necesitan.

Sagrado Corazón-Chavagnes-en-Paillers

Y para culminar mi tiempo por Europa, he tenido la oportunidad de compartir la vida, durante dos meses con la comunidad del Sacré Coeur, en Chavagnes-en-Paillers. Para mí ha sido todo un descubrimiento, porque no conocía prácticamente nada de ella. He descubierto, que a pesar de la enfermedad o de la edad de las hermanas y residentes, el Sacré Coeur es un “lugar de mucha vida”; la casa, el personal, las hermanas, está todo organizado y preparado para ofrecer cada día diversas actividades que permiten generar un ambiente comunitario, participativo, donde todos los que forman parte de la comunidad se sientan haciendo camino con otras/as. Debo decir que he disfrutado de la kermesse, del taller del pan, de las reuniones comunitarias, de las clases de arte y religión, de los tiempos de oración, de las diversas celebraciones por un cumpleaños o por un santo… han sido momentos para celebrar la vida y hacer crecer la fraternidad.

También he tenido la suerte de celebrar los 100 años de nuestra hermana Marcelle Léard, ¡qué acontecimiento! ¡qué hermosa fiesta! ¡qué acción de gracias! Esta fiesta me hizo tomar conciencia y agradecer una vez más, la vida y la misión de tantas hermanas que han construido, a lo largo de nuestra historia, la congregación. Doy las gracias a todas aquellas que en los diálogos de cada día me repetían lo felices que han sido y siguen siendo como Ursulinas de Jesús; esto ha sido un testimonio muy importante para mí, sobre todo cuando me lo expresaban hermanas que llevan 60 ó 70 años de vida religiosa.

Hoy siento que vuelvo a mi país con muchas cosas aprendidas, con una experiencia de Dios, de congregación que me siento llamada a ofrecer, a compartir ahora con mi gente … en mi pueblo donde he sido enviada a servir, y a donde regreso con un corazón ilusionado que pide a Dios la gracia de mostrar su rostro y de ser un verdadero testimonio de su amor, ternura y cercanía que tanta falta nos hace hoy.

Quiero terminar este compartir con una frase del escritor peruano Gabriel García Márquez que sintetiza de algún modo lo agradecida que estoy de Dios por todo lo que me ha regalado durante estos últimos años, y que dice así:

“No llores porque se terminó; sonríe, porque sucedió”.

Cecilia ROGEL, UdJ