
Nuestra casa generalicia está situada actualmente en Meudon en el barrio de Bellevue.

Durante nuestro capítulo general que se desarrolló en Chavagnes-en-Paillers, en la Casa Madre, hemos reelegido a Soeur Marie Hélène MARTIN, como superiora general.
Las Hermanas Mercedes LÓPEZ, española en misión en Bota, un barrio de Quito, en Ecuador,
Winifred LUSK, irlandesa que trabajaba con los Jesuitas en la parroquia de San Ignacio en Londres, y Thérèse JOURDAIN, francesa en misión en Ouzal en el Norte- Camerún, fueron elegidas como consejeras.
Soeur Colette NAUD, tesorera general, es miembro también de la comunidad de este nivel general.
Además, una pequeña comunidad de dos hermanas de la provincia de Francia reside en la misma casa. Es una casa grande y bonita que permite la acogida de numerosas hermanas procedentes de todos los puntos de la congregación cuando deben tener una entrevista con el consejo general, participar en sesiones de trabajo… Es también una etapa cuando se viaja a Chavagnes. Nuestra relación con otras congregaciones y amigos laicos contribuyen también a que mantengamos las puertas totalmente abiertas.
Misión del consejo general


Siendo una congregación establecida en 3 continentes, el nuevo equipo se impone la tarea de ir a visitar a cada comunidad, a cada hermana en su lugar de misión: ¡ gran programa!
Afortunadamente Marie Hélène tendrá la oportunidad de poder hacerse acompañar cada vez por una de las consejeras. ¡Eso facilitará la comunicación puesto que hay que hablar cuatro lenguas!
Vivir las orientaciones del capítulo
«Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos respecto al Verbo de Vida, ya que la vida se manifestó y nosotros la hemos visto y damos testimonio. Lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos para que vosotros también estéis en comunión con nosotros. Y nuestra comunión es comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo».1 Jn1,1 et 3

Venimos a contaros nuestra historia.
Lo que experimentamos en el capítulo y cómo nos ha puesto en marcha hacia nuevos horizontes. Lo que vivimos en espíritu de familia, la Familia de la Encarnación.
Hoy estamos llamadas a la esperanza.
En el fuego del Pentecostés, más allá de nuestra diversidad personal, cultural, de nuestras tradiciones, hemos hecho la experiencia de oír y hablar un mismo lenguaje, el lenguaje del corazón. El reto de optar por la vida es como una llama que nos inflama.
Nos sentimos enviadas siempre a Galilea, pero hay que cruzar Samaria, tierra extranjera.
Al borde del pozo con el Samaritana, Jesús nos invita a recordar el camino recorrido a lo largo de los cinco últimos años: inmigración, ecología, expansión del carisma, - internacionalidad-interculturalidad, inserciones. Hemos dado muchos pasos y debemos proseguir el camino.
En este camino, el respeto y la compasión del Buen Samaritano nos interpelan por la audacia de sus gestos y actitudes.

Venimos a contaros nuestra historia.
A lo largo de los caminos de Samaria, percibimos la llamada a salir de nuestros caminos habituales, una llamada a correr, a hacernos prójimos, próximas, una llamada a ir al encuentro del otro para testimoniar, invitar y convocar. Percibimos la llamada a colaborar con otros.
A lo largo de los caminos de Samaria, percibimos la llamada a actuar con amor, ternura y compasión más allá de lo obligatorio, lo mandado, tanto entre nosotras como en nuestra labor misionera. Oímos la llamada a vivir en solidaridad y justicia con los heridos, los empobrecidos y los inmigrantes, las mujeres y los niños del mundo.
A lo largo de los caminos de Samaria percibimos la llamada a renovar nuestra consagración religiosa y también una llamada a buscar nuevos caminos de vida religiosa. Aceptamos distintas formas de vida en comunidad y estructuras flexibles. Acogemos la circularidad entre nosotras, y las relaciones de igual a igual como expresión del dinamismo entre el Padre, el Hilo y el Espíritu Santo.
A lo largo de los caminos de Samaria, estamos invitadas a beber del

agua viva de nuestro Carisma. ¡Es nuestro tesoro! ¡Es el corazón de nuestra vida ofrecida, vida arriesgada, entregada para que lleguen los nuevos cielos, la tierra nueva, una creación en armonía según el corazón de Dios! ¡Oímos la llamada a compartirlo!
Soñar… soñar lo imposible…
Ha llegado la hora de una "Anunciación"…
¿Cómo todas y cada una podemos coger un camino en el que se comparten nuestros proyectos, nuestras preguntas, nuestras convicciones, nuestros pasos, para después discernir juntas nuevos caminos?

¿Qué llamadas profundas, qué conversiones nos van a mantener vigilantes y atentas a la evolución de la vida religiosa apostólica en el mundo de hoy?
Aceptar la particularidad de cada persona, sus dones y sus límites. Cada persona es única en el designio de Dios. Eso nos invita:
a relaciones de respeto, de no violencia,
a saborear la sencillez evangélica: ¡cada persona, cada parte de la creación y la creación entera participan en el anuncio de Dios de nuestras vidas, del Dios de la Vida!
a reconocer, como mujeres, nuestra estrecha relación con la "madre-tierra" y a defender cualquier vida amenazada.
Osar salir en misión.

Iluminadas por la vida renovada de la Samaritana y conmovidas por la elección deliberada por la vida, del Samaritano, damos prioridad a un estilo de vida religiosa samaritana.
Soñar… soñar lo imposible…
Ha llegado la hora de una "Anunciación".
¿Cómo todas y cada una podemos implicarnos en la cultura de la vocación? ¿Qué medios tomar en provincias y regiones y como congregación? ¿Qué experiencias, qué caminos y medios de formación nos ayudarán a discernir las elecciones que debemos hacer a nivel personal y comunitario para que nuestra vida sea interpelante?
¿Cómo comprometernos que transmitir y despertar la llamada del Señor a mujeres, a hombres que buscan?
¿Cómo encontrarnos con los jóvenes allí donde están, para sostenerlos y animarlos en su búsqueda?
"Renovaos en el espíritu de vuestra vocación"L.M.Baudouin 28-12-1809
Se nos invita a reavivar la llamada de Dios en nosotros y en los otros.
Animadas por la audacia de la Samaritana que corre a anunciar lo que Jesús ha hecho con ella y movidas por el modo como el Samaritano se arriesga, atreviéndose a pedir ayuda al hospedero, nosotras damos prioridad a desarrollar el cultivo de la vocación.
Cada hermana, cada comunidad, cada provincia y región así como el cuerpo congregación tiene la responsabilidad de entrar en un camino de formación que tenga en cuenta esta prioridad.

"Mira: pongo hoy ante ti la vida y la felicidad… la muerte y la desgracia.
Tú elegirás la vida para que vivas, tú y tu descendencia, amando al Señor tu Dios,
escuchando su voz y uniéndote e Él"
Dt 30,15 y 19
¡Entonces, vivamos!