La famille de l'Incarnation

Fraternidades de la encarnacion

menu

Portada del sitio > Actualités > M. Ángel Marco, voluntaria del Centro de Día de Santa Hortensia.

M. Ángel Marco, voluntaria del Centro de Día de Santa Hortensia.

M. Ángel Marco nos comunica su experiencia en este Centro de Día de Santa Hortensia, donde estuvo apoyando un proyecto de Cáritas, dando lo mejor de ella en este lugar. Su misión, ejercida desde la comunidad de Palomeras (Madrid), cambió por su marcha a La Bota, barrio de Quito en Ecuador, donde se entrega a otros proyectos.

Desde el "Centro de Día Santa Hortensia" donde M. Ángel ha trabajado quieren dar un testimonio sobre su persona y su labor desempeñada en este Centro, pidiéndole a ella, a su vez, comparta lo que ha supuesto esta experiencia de voluntariado.

De M. Ángel nos dicen:

Es una de esas personas que dejan huellas por donde pasa y no se reserva nada; también la ha dejado en el Centro de Día Santa Hortensia, donde ha sabido acercarse día a día a personas que al principio rechazaban hablar con nadie.

Poco a poco ella se ha ganado su confianza permitiendo que personas que estaban perdidas volvieran a sentirse personas, a sonreír. Ahora, su congregación, las Ursulinas, le ha pedido que vaya a coordinar un proyecto a Ecuador, donde se ofrece apoyo escolar a niños y adolescentes en riesgo, por lo que le hemos pedido que comparta con nosotros su experiencia de vida en este centro de Cáritas.

Y ella nos dice:

SABOR A EVANGELIO

M. Ángel Marco

Con entradas y salidas, he tenido la suerte de formar parte del Proyecto Santa Hortensia para Personas Sin Hogar con Enfermedad Mental Grave durante tres años. Tenía todo por aprender al llegar, pero es fácil aplicarse cuando el nivel de motivación es alto, y éste se contagia. Si tuviera que resumir en una palabra a quienes encontré como usuarios, elegiría vulnerabilidad. Es fácil detectar lo disonante, dejar a un lado a quien causa problemas o nos incomoda. De cerca, esas personas son la vulnerabilidad en estado puro. Hasta el punto, que ni siquiera piden ayuda, hay que ofrecérsela. Esa es la labor genuina del Equipo de Psiquiatría de Calle, puerta de entrada a Santa Hortensia a través de la derivación.

De cerca, esas personas son la vulnerabilidad en estado puro.

La labor de nuestro Proyecto es crear el ambiente acogedor y cercano que todos soñamos nos ofrezcan, más si estamos en situación de desventaja, y desde el vínculo creado, diseñar y acompañar itinerarios de inserción según capacidades y posibilidades de cada uno. Normalmente, lo más básico es un reto al comienzo: documentación, higiene, alimentación adecuada, hábitos, capacidad de convivencia… Sólo un buen equipo de trabajo puede encauzar tanta carencia. Al Proyecto Santa Hortensia le define la alta flexibilidad. Ello se traduce en una adaptación al máximo posible del equipo a cada usuario. El itinerario individualizado aquí se hace realidad al 100%; cada uno parte de su vulnerabilidad extrema singular y necesita ese trato cercano y único que personaliza.

Somos conscientes de que creando las condiciones adecuadas, lo aparentemente imposible puede ocurrir. Hemos sido testigos de puestas en pie increíbles contra todo pronóstico. Los milagros de Jesús tuvieron que ser algo parecido. Juntos, sumando lo mejor de cada uno y dentro de un marco, el Proyecto, exquisitamente diseñado y en constante evaluación, somos capaces de crear las condiciones para que se produzcan milagros.

Me resultó fácil integrarme en el equipo porque mis compañeros de trabajo suponían una escuela diaria. Incontable todo lo aprendido en cuanto a criterios, modos de hacer, delicadeza en el trato, agudeza en los diagnósticos y diseños de itinerarios, paciencia infinita y humildad para aceptar lo que no sale como deseamos. Qué hueco siento dentro ahora que ya no estoy en la reunión diaria, cuánto me ha enriquecido.

Formar parte del Proyecto Santa Hortensia ha sido un honor, una escuela de humanidad y un hito en mi vida. Dicen que el valor de un trabajo no se mide por lo que te pagan por él, sino por aquello en lo que te convierte. A mí este trabajo me ha hecho mejor persona. En las maletas para Ecuador, me llevo mucho bagaje de precio incalculable.

MªAngel Marco Teja
Ursulina de Jesús


Madrid, 8 de julio de 2013

Nos llegan, también, unas primeras impresiones de su nueva vida en La Bota.

Yo por aquí ando situándome y disfrutando de descubrir tanta novedad.
Respecto a la vida cotidiana aquí, las condiciones de la casa son sencillas pero tiene lo esencial. El agua no es potable, así que andamos con pastillas de cloro. El baño queda en el patio, pero éste está cementado la mayor parte, así que ningún problema aunque haya que salir a la noche; y hay agua caliente, no precisamente a chorro, pero caliente.

En el proyecto, los niños son muy cariñosos; nos dan besos al llegar y al irse. Como el espacio es pequeño, hay tres habitaciones que hacen de clase y ahí se hace todo: cada grupo come en su clase y juegan en el tiempo de recreo (hay también una terraza en el tejado donde pueden jugar). Entre actividad y actividad, ellos limpian la clase. Los cacharros de la comida se lavan en baldes y ellos colaboran también por supuesto (comemos con un plato y una taza de plástico y una cuchara de metal). A nivel educativo, algunos más espabilados y otros con lagunas como mares. Cuando los niños se van a casa, las monitoras limpiamos el local (baños y demás). Llegamos a casa siempre bien cansadas y bien contentas. Un fuerte abrazo a todas.

MªAngel
Aspectos de la vida en La Bota