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L-M Baudouin y Teilhard de Chardin : en el corazón del misterio

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El misterio de la Encarnación está en el corazón de la fe cristiana. La contemplación de este misterio es la fuente de la espiritualidad del P. Baudouin. Está también en la fuente de la espiritualidad del gran científico el P. Teilhard de Chardin, dos siglos más tarde. El P. J. Le Broch, FMI, de la comunidad de París, nos muestra la « convergencia ».

El Padre Joseph LE BROCH

De la comparación brota la luz. El encuentro de dos pensamientos fuertes sobre un mismo tema suscita siempre admiración en el lector, y cuando la formulación de estos dos pensamientos coincide hasta en la frase, ¡la extrañeza llega al límite!...

Frente a la realidad de la Encarnación, en efecto, estos dos hombres - el Padre BAUDOUIN y TEILHARD DE CHARDIN -, han encontrado las mismas palabras, la misma articulación de la frase, han seguido el mismo camino de pensamiento para expresar, en algunas líneas, la resonancia de este misterio en ellos.
El punto de partida de su reflexión nace de la contemplación de la Encarnación. Después uno y otro descubren la extensión de este misterio, « las divinas consecuencias " dice el P. BAUDOUIN, " las innumerables prolongaciones " dice TEILHARD DE CHARDIN -, todo lleva al mismo compromiso personal : « No iremos a otra escuela, esto basta » (P. BAUDOUIN), « Sólo podría predicar el misterio de vuestra Carne " (T. de CHARDIN). El mismo estilo de contemplación, el mismo estilo de acción.

No es, por lo tanto, una simple coincidencia de expresión de orden literario, es el encuentro de dos convicciones, o más bien de dos hombres que descubren con admiración, a través de su meditación, todo el realismo de la Encarnación en la vida de las personas y en la vida del Universo. Y lo que es admirable, es el mismo resultado final y exclusivo, por parte de uno y del otro:

El P. Baudouin

« Que los hombres admiren lo que quieran, nosotros no encontramos admirable más que la Encarnación y sus divinas consecuencias.» (P. BAUDOUIN).

El P. Teihard de Chardin

« Que otros anuncien... los esplendores de vuestro puro espíritu. En lo que se refiere a mí..., no quiero, ni puedo decir otra cosa que las innumerables prolongaciones de vuestro Ser encarnado a través de la materia, no sabría predicar nunca más que el misterio de vuestra Carne"... (TEILHARD de CHARDIN).

Estamos de acuerdo, si nos limitamos a estos dos textos, en que el punto de vista de las « divinas consecuencias » (P. BAUDOUIN) y el de las « innumerables prolongaciones » (T. de CHARDIN) es , sin ninguna duda algo diferente. El P. BAUDOUIN, se ha fijado en primer lugar en los misterios de la vida de Cristo y en los de la vida de la Iglesia, mientras que TEILHARD de CHARDIN alcanza de entrada la realidad del Cosmos. Pero sabemos, por otra parte, que el pensamiento del P. BAUDOUIN se acerca en este punto al de TEILHARD de CHARDIN a través de la teología de las Epístolas de san Pablo.

Así, a dos siglos de distancia, estos dos hombres han experimentado el mismo entusiasmo al contemplar el misterio del Verbo Encarnado, y lo han formulado de la misma manera. Por esto mismo estos dos textos merecían, sin duda, acercarse, si por nuestra parte, nos afirmamos en la función de Adoradores del Verbo Encarnado « como una vocación que alcanza a las últimas fibras de nuestra naturaleza" (cf. T. de CHARDIN).

J. LE BROC’H
« Toda mi alegría y mi éxito, toda mi razón de ser y mi gusto de vivir, Dios mío, están colgados a esta visión fundamental de vuestra conjunción con el Universo. Que otros anuncien, siguiendo su función más alta, los esplendores de vuestro puro Espíritu. En cuanto a mi, dominado por una vocación que toca las últimas fibras de mi naturaleza, no quiero ni puedo decir otra cosa que las innumerables prolongaciones de vuestro Ser Encarnado a través de la Materia; no sabría predicar más que el misterio de vuestra Carne, oh Alma que traslucís por todo lo que nos rodea. »

« Himno del Universo » , Teilhard de Chardin. Editions du Seuil, 1961 (Libro de vida, n° 61- 62, pp. 56-57).

« Que los hombres admiren lo que quieran, nosotros no encontramos admirable más que la Encarnación y sus divinas consecuencias. No iremos a otra escuela, esta nos basta.»

L. M. Baudouin (Carta a Mère Damaris, 21 de marzo de 1825)