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En la Carcel de Cochabamba : El Encuentro de un madre e su hija

Recordanda el encuentro de dos mujeres :Maria con Isabel

El Testimonio de nuestras Hermana Teresa García de su experiencia de visita a la cárcel de mujeres de Cochabamba (Bolivia)

En mis visitas a la cárcel de mujeres de Cochabamba, una de las veces me encontré con Teodolinda, mujer de 70 años, que llevaba en prisión seis años y tenía que cumplir una sentencia de 30. Y eso no sólo ella sino su esposo y tres hijos, una mujer y dos varones, todos con la misma sentencia.

El esposo tenía 75 años y los hijos e hija estaban ya con familia. El esposo y la hija estaban en diferente prisión y los dos hijos en la prisión de mayor seguridad de Cochabamba. El padre, de la pena de estar en prisión, se enfermó y al poco tiempo falleció y fue enterrado en Quillacollo. Sólo su hija que estaba con él en la misma prisión pudo asistir a su sepultura.

Ese día que me encontré con ella, me contó feliz que a la hija la habían traido a su misma cárcel; en ese momento no se hablaban madre e hija. Pero a los dos hijo,s los llevaron a la cárcel donde se encontraban para que las visitasen y que los cuatro comieron juntos y pasaron juntos esa jornada. La alegría de esa mujer se le notaba en el rostro. Los hijos al saber que no se hablaban madre y hermana, les dijeron que no tenían que vivir así la misma cárcel sin hablarse y que deberían cambiar. Desde entonces, la situación cambió y ahora ya, madre e hija se hablan, comen juntas y para más detalle, la madre le hace la comida a su hija para que ésta pueda realizar algunos trabajos y así ganarse unos “pesitos” y poder alimentarse por lo menos.

No esperaba yo ese encuentro de una vida familia rota pero ya, desde que los hijos les movieron el corazón, la familia vive unida y pueden estos hijos visitarlas por lo menos una vez al mes y disfrutar juntos.

Jesús en el seno de María, hizo saltar a Juan de alegría en el seno de Isabel. A mí, me llenó de gozo el cambio de estas dos mujeres que, ahora viven, aunque sin libertad física, gozan de la libertad de dos corazones arrepentidos que se abrieron a la Misericordia del Padre.

Teresa García , udj